¿Por qué mi hijo tiene tics?

Cuando un niño comienza a parpadear repetidamente, mover la cabeza, encoger los hombros, hacer gestos con la cara, carraspear o emitir sonidos de manera reiterada, es frecuente que los padres se pregunten: ¿por qué hace esto?, ¿será ansiedad?, ¿hay algo que le está pasando?
Los tics son movimientos o vocalizaciones repentinas, rápidas y repetitivas que aparecen de manera involuntaria. Pueden ser motores, como parpadear, mover el cuello o contraer la cara, o vocales, como carraspear, toser o realizar determinados sonidos. Los trastornos de tics suelen comenzar durante la infancia y pueden cambiar considerablemente en frecuencia, intensidad y forma a lo largo del tiempo (Szejko et al., 2022).
Los tics no son simplemente "nervios"
Aunque tradicionalmente se habla de "tics nerviosos", actualmente sabemos que los tics no aparecen simplemente porque un niño esté nervioso o ansioso. Son fenómenos neurobiológicos y del neurodesarrollo, en los que participan los sistemas cerebrales responsables de seleccionar, iniciar e inhibir movimientos.
Las investigaciones sobre el síndrome de Tourette y otros trastornos de tics han identificado la participación de regiones como los ganglios basales, la corteza frontal y otros circuitos relacionados con el control del movimiento, junto con sistemas de neurotransmisión en los que participa, entre otros, la dopamina. Sin embargo, todavía no existe una explicación única que permita determinar por qué un niño concreto desarrolla tics y otro no (NINDS, 2025).
Existe una predisposición genética
La genética también desempeña un papel importante. Los estudios familiares muestran que los familiares de primer grado de personas con trastornos de tics presentan un riesgo mayor de desarrollar tics y algunas condiciones asociadas. Sin embargo, no existe un único "gen de los tics": se trata de una vulnerabilidad genética compleja sobre la que también pueden influir factores ambientales y del desarrollo (Szejko et al., 2022).
Por lo tanto, es relativamente frecuente encontrar antecedentes familiares de tics, aunque hayan sido leves y hayan desaparecido durante la infancia.
¿Qué papel tienen el estrés y la ansiedad?
El estrés puede aumentar los tics, pero no necesariamente los causa.
Los tics pueden variar dependiendo del contexto. El cansancio, la ansiedad, determinados estados emocionales, situaciones sociales y las reacciones de las personas que rodean al niño pueden influir en su expresión. Esta sensibilidad a factores internos y ambientales es uno de los fundamentos de las intervenciones conductuales para los tics (Andrén et al., 2022).
Por ejemplo, un niño puede presentar pocos tics mientras está concentrado en una actividad y manifestarlos con mayor intensidad cuando llega a casa después del colegio. También pueden existir períodos de varias semanas en que prácticamente desaparecen y posteriormente vuelven a aumentar.
Esta fluctuación es característica de los trastornos de tics y no significa que el niño los esté haciendo voluntariamente.
¿Todos los niños con tics tienen síndrome de Tourette?
No.
Existen diferentes trastornos de tics y también pueden aparecer tics transitorios durante la infancia. El diagnóstico depende de aspectos como el tipo de tic, la presencia de tics motores y/o vocales, la edad de comienzo y el tiempo que llevan presentes. El síndrome de Tourette constituye solamente una de las posibles formas de presentación (CDC, 2026).
Por eso, cuando un niño comienza con tics, no debe asumirse automáticamente que tiene síndrome de Tourette.
¿Cuándo conviene consultar?
Es recomendable realizar una evaluación cuando los tics son persistentes, aumentan significativamente, producen dolor o lesiones, generan preocupación importante en el niño o interfieren en su funcionamiento escolar, familiar o social. También es importante evaluar otras dificultades que pueden coexistir, como ansiedad, síntomas obsesivo-compulsivos o TDAH.
Cuando los tics requieren tratamiento, existen intervenciones conductuales específicamente desarrolladas para ellos. Entre las que cuentan con mayor respaldo se encuentran la Terapia de Reversión del Hábito (HRT) y la Intervención Conductual Integral para Tics (CBIT). Estas estrategias enseñan al niño a reconocer sus tics y las sensaciones que los preceden, identificar situaciones que los intensifican y aprender respuestas alternativas que permitan adquirir progresivamente mayor manejo sobre ellos. Las guías clínicas europeas consideran las intervenciones conductuales entre las principales opciones terapéuticas para niños y adultos con trastornos de tics (Andrén et al., 2022).
Referencias
Andrén, P., Jakubovski, E., Murphy, T. L., Woitecki, K., Tarnok, Z., et al. (2022). European clinical guidelines for Tourette syndrome and other tic disorders—version 2.0. Part II: Psychological interventions. European Child & Adolescent Psychiatry, 31, 403–423.
Centers for Disease Control and Prevention. (2026). Diagnosing Tic Disorders.
Centers for Disease Control and Prevention. (2026). Treatment of Tourette Syndrome.
National Institute of Neurological Disorders and Stroke. (2025). Tourette Syndrome. National Institutes of Health.
Szejko, N., Robinson, S., Hartmann, A., et al. (2022). European clinical guidelines for Tourette syndrome and other tic disorders—version 2.0. Part I: Assessment. European Child & Adolescent Psychiatry, 31, 383–402.

